Monumentos diarios (2023)
El arte del rebusque.
El arte del rebusque.
En Bogotá, las tiendas ambulantes —conocidas como “chazas”— son parte inseparable del paisaje urbano. Más que simples puntos de venta, representan estrategias de supervivencia, espacios de encuentro y símbolos de la creatividad popular frente a la precariedad. Aunque suelen pasar desapercibidas, estas estructuras itinerantes han acompañado durante décadas a los transeúntes, consolidándose como verdaderos hitos de la cotidianidad capitalina.
Con Monumentos diarios, Paola Alonso propone resignificar el oficio y la estructura misma. Un carro de mercado se convierte en instalación, cargada de color y lujo a través de los elementos reflectores, donde productos de consumo masivo como Cheetos, Doritos, Chocorramo, Tinto, Perico o Minutos re aparecen como joyas. El gesto no busca únicamente embellecer, sino evidenciar: aquello que suele verse como precario o transitorio se presenta ahora como un monumento a la resistencia, la memoria colectiva y la dignidad popular.
Tinto, perico
Cristales sobre cartón
14 × 8 cm
Minutos a todo operador
Cristales sobre cartón
14 × 8 cm
La metáfora se extiende hacia el propio camino del arte emergente. Así como el vendedor ambulante debe reinventarse cada día para sostenerse en un entorno hostil, el artista independiente enfrenta las mismas tensiones en un sistema cultural que restringe el acceso y la visibilidad. En ambos casos, el rebusque se convierte en una estrategia vital para sobrevivir y hacerse presente.
Presentado en el evento The Art Sunset 2023 en Bogotá, dentro de una exposición colectiva organizada por Crónica Art, Monumentos diarios replantea la mirada sobre lo cotidiano y recuerda que lo invisible en el espacio público puede convertirse en símbolo de resistencia y en patrimonio cultural no oficial de la ciudad.
Esta serie de instalaciones tiene como objetivo la resignificación de las estructuras informales e itinerantes que se levantan cada día en las calles para obtener ingresos.
Siempre he creído en el arte del rebusque, en esa fuerza que nos recuerda que la sociedad colombiana no se deja morir y sobrevive con lo que tiene, ¡cómo puede! . Pero aun cuando esto está frente a nosotros, en la calle, muchas veces parece invisible. No porque no exista, sino porque quienes miran también cargan sus propias batallas.
En mi obra recurro a estas estructuras ambulantes de venta, esas maniobras cotidianas que atraviesan lo duro de la vida en un país como el nuestro, para resignificarla: no como una frivolidad, sino como un trabajo digno que, aunque no debería ser la única opción, se ha vuelto la manera en que más de la mitad de los colombianos sostiene su día a día.
Yo también estoy ahí: vendiendo flores, una ciudadana que eligió el arte como forma de vida.
Una rica variedad de fresas recién cosidas e intervenidas, creadas para salir a la calle, promocionarse y, si nos va bien, venderse.
Porque el rebusque no para. En un país donde tantas personas tienen que inventarse diariamente nuevas formas de sostenerse, estos monumentos vuelven a levantarse una vez más para visibilizar una realidad que hemos normalizado: la precariedad y la necesidad de buscarse la vida afuera, sin nada fijo ni seguro.
Fresas frescas convierte ese rebusque cotidiano en monumento. Una fruta que se ofrece, se exhibe y se vende como cualquier producto de la calle, pero que aquí también habla de trabajo, supervivencia y de las múltiples maneras en que las personas construyen su sustento día a día.