Colaboraciones
El brillo como lenguaje compartido
El brillo como lenguaje compartido
El trabajo de Paola Alonso trasciende el espacio expositivo para dialogar con el mundo de las marcas y la cultura global. En cada colaboración, los elementos reflectivos —cristales, lentejuelas, canutillos— se convierten en un recurso narrativo capaz de transformar objetos, campañas y experiencias en símbolos de emoción, memoria y presencia.
De esta manera, el brillo deja de ser únicamente un gesto estético para convertirse en un lenguaje común entre arte y mercado: una herramienta para resignificar lo cotidiano, dotar de protagonismo a lo invisible y generar conexiones profundas con audiencias diversas.
Para el lanzamiento de las nuevas latas de Hatsu en colaboración con Pantone, cuatro artistas fuimos invitados a contar, desde nuestros propios lenguajes, nuestra relación con el color y la creatividad. Fui una de ellas.
El proyecto partió de un video en el que compartí parte de mi proceso creativo y de la manera en que observo el mundo. Hablé de las cosas cotidianas en las que encuentro inspiración, de esos detalles que muchas veces pasan desapercibidos y que, para mí, pueden convertirse en el punto de partida de una obra.
También hablé de algo fundamental en mi trabajo: la relación entre la luz, el brillo y el color. La luz es mi materia prima más importante; es la que hace posible el reflejo, activa las superficies y permite que el brillo exista. A partir de ella, he construido una exploración que me ha acompañado durante más de 15 años y me ha llevado a mirar de otra manera objetos, materiales y escenas de la vida cotidiana.
Como cierre del proceso, intervine una de las nuevas latas de Hatsu, utilizando sus propias tonalidades como punto de partida para llevar esta exploración a un objeto cotidiano. La lata se convirtió así en una pieza que condensaba las ideas que había compartido en el video y, al mismo tiempo, en una puerta de entrada para quienes todavía no conocían el universo que he venido construyendo alrededor de la luz, el brillo y la transformación de lo cotidiano.
Fue una colaboración que me permitió no solo crear una pieza, sino también contar cómo miro, de dónde vienen mis ideas y qué hay detrás de mi manera de crear.
Para la colaboración entre Sabrina Carpenter y Johnnie Walker, desarrollé un concepto creativo para la presencia de la marca en Estéreo Picnic Bogotá, tomando como protagonista la botella de Johnnie Walker Black Label para construir una pequeña historia visual.
La composición se planteó de arriba hacia abajo. En la parte superior de la botella aparecía un atardecer casi perfecto, construido a partir de un degradado de colores que evocaba una puesta de sol ideal, casi irreal. Debajo, la etiqueta de Black Label funcionaba como el punto de transición entre ese cielo y el paisaje que aparecía en la parte inferior: una representación nocturna de Bogotá, protagonizada por una de las arquitecturas más icónicas de la ciudad.
Así, la botella reunía tres elementos en un mismo paisaje: el atardecer, la etiqueta y la ciudad. La etiqueta se convertía en una especie de línea de horizonte y, al mismo tiempo, en el punto que conectaba dos momentos del día que normalmente no podrían coexistir. El resultado era un paisaje casi imposible: una Bogotá de noche bajo un cielo de atardecer perfecto.
Fue precisamente esa contradicción entre un cielo diurno y una escena nocturna la que inevitablemente me llevó a pensar en René Magritte y El imperio de las luces (*L’Empire des lumières), donde también conviven, en una misma imagen, dos momentos opuestos del día.
La pieza buscaba llevar esa misma sensación de extrañeza y fantasía a la botella, mezclando la identidad de Sabrina Carpenter, la noche bogotana, el universo de Johnnie Walker y el brillo como parte esencial de mi lenguaje visual.
En el primer semestre de 2025, Paola hizo parte del grupo de embajadores de la marca. Desde su rol como artista, su participación buscó resaltar la fuerza y sensibilidad de la nueva tecnología, no a través de una pieza puntual, sino mostrando cómo la marca se integra en su día a día creativo y en el detrás de escena de sus proyectos. Una forma de revelar cómo la innovación puede convivir con el arte y potenciarlo desde adentro.
Felisa, marca brasileña de perfumes de alta gama, se preparaba para uno de los momentos más esperados del año: el Carnaval. Para celebrarlo, la marca decidió dar a sus botellas un nuevo vestuario inspirado en la energía vibrante de la temporada y en la conexión con su audiencia. En este proceso, Paola aportó su mirada artística al intervenir las botellas con detalles de brillo que acentuaban la esencia festiva y sofisticada de la marca. El resultado resaltaba las frutas y flores que inspiran cada fragancia, transformando cada pieza en un reflejo luminoso de la identidad de Felisa.
En el lanzamiento de la nueva colección de la diseñadora peruana Jessica Butrich, se crearon dos personajes femeninos que dieron vida a una atmósfera llena de magia y color. Ellas representaron la esencia de un arcoíris radiante, transmitiendo energía y fantasía en cada detalle de la puesta en escena.
Como embajadora de la marca, Paola llevó su lenguaje plástico al universo cotidiano del café. El proyecto exploró la conexión entre experiencia sensorial y estética visual, dotando de una dimensión artística a un ritual tan cercano como preparar una bebida. En esta colaboración, el brillo funcionó como mediador entre intimidad cotidiana y cultura de marca.
Para la celebración del aniversario de Disney Pixar, Alonso reimaginó personajes secundarios en clave brillante. Figuras habitualmente marginadas del protagonismo fueron reconstruidas con lentejuelas y cristales, otorgándoles un nuevo valor simbólico. La colaboración evidenció cómo el brillo puede subvertir jerarquías y otorgar relevancia a lo que suele permanecer en la sombra.
Con la marca italiana de calzado, Alonso trasladó su estética brillante al mundo de la moda. Las campañas conjugaron la simplicidad icónica de Superga con el exceso de cristales, creando un contraste que ponía en diálogo la vida urbana con la fantasía artística. Esta alianza permitió ampliar el alcance de su obra, integrándola a la cultura visual cotidiana.
En la campaña #mysuperG, Paola Alonso fue invitada a representar a Colombia con una propuesta que conectaba lo digital y lo tangible a través del brillo. Su trabajo dio nueva visibilidad a cuatro arquetipos femeninos —pioneras, guardianas, visionarias y camaleónicas— como homenaje a la memoria, la fuerza y la adaptabilidad de las mujeres en la historia colombiana. Aquí, el brillo operó como lenguaje de reconocimiento y visibilización.
La alianza con Absolut representó el reto de dar vida a dos personajes —Ka y Ut— concebidos para encarnar la energía vibrante de una edición limitada. Alonso los vistió con lentejuelas plateadas y volúmenes geométricos, transformándolos en presencias futuristas que se integraban con el público durante el evento de lanzamiento de Absolut Elektrik. El brillo, en este caso, funcionó como catalizador de atmósfera: una experiencia inmersiva donde la marca y la obra se fundieron.